Párrafo 1

Estos son los títulos que serán objeto de estudio.

Universo
Ser humano
Trinidad
Interrelación
Unirse
Enseñanza
Religión
Amor
Acción
Encarnación
Ego y Deseo
Densidad Material
Experiencia
Bien y Mal
Omnipresencia
Contemplación
Conocimiento y Saber
Cuerpo
Cerebro y Ego
Personalidad
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Introducción

Es primordial comprender que la inmutabilidad se caracteriza por una ausencia de acción y de reacción. La energía divina no tiene lugar en la acción, ya que esta se atribuye exclusivamente al ser humano. Para introducir un capítulo dedicado a la inmutabilidad, debemos adoptar una mentalidad o una conciencia lógica a fin de apreciarla en su justo valor, puesto que lo Inmutable no revela ni secreto, ni saber, ni conocimiento.

Lo inmutable se caracteriza por la intensidad de sus colores y se manifiesta por sus vibraciones. Evocamos la inmutabilidad como el Creador que no actúa ni reacciona, lo que se traduce en las nociones de «no acción» y de «no reacción». Es evidente que esta perspectiva sobre el principio reposa en instantes de reflexión profunda.

La inmutabilidad, cuando se enfrenta a contextos difícilmente interpretables para nosotros, no puede ser aprehendida a través de la materia. Intentemos entonces aceptar el término inmutabilidad como la relación de «no acción» y de «no reacción», aunque podamos encontrar un primer escollo, a saber, que lo inmutable puede producir vibraciones.

Universo

Para que una inmutabilidad, caracterizada por una «no acción» y una «no reacción», pudiera armonizarse con un universo, fue necesario que se manifestara una falla.

Conviene subrayar que el universo surgió de una ruptura de la inmutabilidad, a la que se designa con el término Big Bang. Aunque esta proposición pueda suscitar controversias, es muy probable que esté sujeta a modificaciones.

La ciencia, a través de las matemáticas, facilita la realización de cálculos precisos. La teoría de los mundos paralelos constituye uno de esos conceptos. Según estos cálculos, dos universos se encuentran para facilitar una transferencia de uno a otro. Tendrán la oportunidad de descubrir la manera en que esto se percibía en el pasado en el capítulo dedicado a la teoría de los kalpas.

¿Veremos buscar una fórmula matemática que permita asegurar la inmutabilidad? En realidad, ya disponemos de un anticipo gracias a la fórmula P = E∞.

Es importante subrayar que ciertas brechas en la inmutabilidad podrían engendrar resultados particularmente significativos, en los que podríamos progresar.

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Ser humano

En el ser humano, residente del universo, se manifiesta la «materia impalpable». Por materia impalpable entendemos el alma absoluta, designada como el «cosmos interno». Esta establece un vínculo con lo Inmutable, gracias a una estructura relativamente fácil de comprender para quienes disponen de las capacidades necesarias para llegar a esta conclusión, a saber, la contemplación auditiva o visual.

El medio que utiliza el ser humano para alcanzar la inmutabilidad condiciona su fuerza o su debilidad.

Si la «no acción» y la «no reacción» se consideran sinónimos de pureza. Al ser humano no le queda entonces más que purificarse para acercarse a lo Inmutable, gracias, por supuesto, a Shabda y Téjas.

Sostenemos ahora que existen dos tipos de almas: un alma individual propia del ser humano y otra, de orden absoluto, sin que por ello hagamos una afirmación categórica.

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TRINIDAD
Al salir de su soledad, lo Inmutable fundó el universo, digamos bajo la cláusula de una debilidad... Evidentemente que debemos comprenderlo como una exposición por el momento. Quién podrá determinar la procedencia del universo, aunque nos vamos acercando a ella.
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Del germen divino surgió el ancestro que rápidamente se separó en dos partes. Así se presenta la verdad transmitida desde hace varios milenios, el mensaje de la Trinidad. Una Persona dividiéndose en tres personas.
La Trinidad marcaría, sin embargo, una primera tangente hacia las impurezas. Esta se llamaría la encarnación.
La encarnación sería entonces una primera derivación de la inmutabilidad.
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INTERRELACIÓN
He franqueado la interrelación. He alcanzado lo Inmutable. Soy inmortal.
He aquí algunas frases que deberían aparecer en la boca de todos los seres. Observen, sin embargo, que estas frases tienen pocas probabilidades de ser pronunciadas, puesto que el ser que alcanza la inmortalidad habrá aliviado su ego.
La interrelación como la posibilidad que posee el ser humano de franquear la dualidad y alcanzar lo Inmutable.
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Dominando una interrelación, el ser humano se sitúa en esa esfera de su realización mediante el empleo de Shabda y Téjas.
Cuanto más rápido franquea la etapa de la interrelación, más rápidamente descubre lo Inmutable en él.
En la superficie, comprenderemos que la interrelación se entiende como el estado de relación con nuestro creador.
La enseñanza siguiente la rodea más bien como una etapa previa a la exploración divina.
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La interrelación, como un despertador, suena a la puerta del ser adormecido para anunciarle el día. Tan pronto se desencadena esta acción, su utilidad queda relegada a un estilo de menor importancia.
Ante todas estas cadenas que debilitan el potencial humano se encuentra la interrelación, la que conduce a la inmutabilidad.
Franqueen, pues, la interrelación para unirse en la inmutabilidad. Es una lógica que hay que comprender.
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UNIRSE
No hay otro objetivo para el ser humano que tenga tanta importancia como unirse a lo Divino. Este orden, que surge inmediatamente después de la interrelación, constituye el comienzo de una vida de plenitud y de riquezas que nadie puede lastimar.
Evidentemente, esta aptitud no puede ser comprendida por el cerebro humano. «Eso», al que también llamamos Dios, lo comprende quien entra en el movimiento interno, gracias a la intervención de la unión. Los métodos de contemplación purifican la conciencia, dejando entrever así las vibraciones y luces de lo inmutable.
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La reunión de los métodos con el alma procura al ser consciente estados de esplendor que llevan nombres tan simples como beatitud, consagración y nirvana.
La unión divina y el estado de inmutabilidad forman un todo. Estos estados coexisten en el ser humano, el pilar de la contemplación.
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ENSEÑANZA
La enseñanza lega una herencia. El pasado también se conserva gracias a la fuerza de la enseñanza.
La enseñanza encarna la memoria de lo Inmutable.
Todas estas doctrinas, un Creador no pudo concebirlas puesto que hay inmutabilidad. La enseñanza se funda, pues, en seres humanos.
Párrafo 12
En todas las enseñanzas, debemos elegir aquellas que versan sobre el saber capaz de conducir al conocimiento. Dicho de otro modo, sobre la teoría «saber» que desemboca en la práctica «conocimiento». Pero tengamos cuidado, porque el conocimiento se autoriza con el apoyo de la iniciación que se infunde en la Trinidad. Entonces la iniciación sigue siendo el viraje entre Dios y nosotros. Después del arranque incorpóreo o del fin de la interrelación, las enseñanzas se desvanecen. Porque el objetivo final es la unión.
Quienes persisten en la lectura permanecen bajo el dominio de la interrelación.
Observen que es preferible comenzar por el conocimiento y complementarlo con el saber.
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RELIGIÓN
Si nos remitimos al sentido práctico de la palabra «religión», percibimos siempre su valor de unión con el Creador. La explotación desatada desde el año cero habría ridiculizado ese valor, el riesgo del paralelo entre el bien y el mal. En este principio de no acción y de no reacción, sería vano discutir sobre religión. Entonces, ¿hemos creado las religiones?
A través de los maestros, por no enumerar más que algunos, Buda, Krishna, Hanuman, Brahma, Skanda, Shivá, Ganesha, Jesucristo y Juan el Bautista, el mensaje de las religiones se lanza al mundo. A cada una de estas divinidades se asemeja la relación de inmutabilidad. Para alcanzar esta unión que llamamos «religión», tuvieron que abandonar sus dependencias a la materia.
Párrafo 14
Para captar el secreto de la religión, hay que percibirla realmente como la unión con lo Divino; de lo contrario, preferiremos abandonar el tema, puesto que la explotación de la fe parece todavía estar en el dominio de las probabilidades.
Las religiones son el acto del humano conocedor. Puesto que se apoyan en el karma o la acción, que por su naturaleza es lo opuesto a la inmutabilidad.
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AMOR
Señalemos el amor como un sentimiento único que no puede compartirse más que con una sola persona.
Esta forma de pensar lleva siempre su medallón de oro. ¿Podemos dividir el amor en dos partes?
Ciertamente que el devoto colocará su amor en lo Divino transmitiendo sentimientos de afecto, de ternura, de destino y de amistad hacia sus seres cercanos.
El amor, un sentimiento único que solo puede dirigirse en una sola dirección, la de la inmutabilidad. Entonces surge un dilema. ¿Puede lo Inmutable recibir nuestro amor?
Párrafo 16
Refiriéndonos a la causa de «no acción» y de «no reacción» provocada por la inmutabilidad, se emitiría entonces una respuesta negativa. Lo Inmutable no puede recibir nuestro amor.
Como respuesta a nuestro amor, vacila delegándonos estremecimientos, goces y fosforescencias.
Decimos, sin embargo, un sentimiento único, por lo tanto, un ir sin retorno.
Por esta razón, el pensamiento lógico de un sentimiento único se orienta; un sentimiento único en la dirección divina. No podemos jurar que un Dios no nos necesita, puesto que de lo contrario no nos habría creado. Tampoco podemos decir que nos necesita, puesto que Él es inmutable.
Párrafo 17
¿Qué hacer entonces con un Dios que no experimenta ninguna acción ni ninguna reacción ante nuestro amor hacia Él?
Debemos responder que esto no debe impedir nuestro sentimiento hacia Él. Retengamos simplemente que un sentimiento único tiene como objetivo una sola dirección, que ustedes comprenden como el alma absoluta. Los seres humanos intercambian entonces sentimientos de afecto, de ternura y de amistad. Lo divino nos demuestra su amor a través de sus vibraciones y luces.
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ACCIÓN
La acción está sostenida por nuestros pensamientos. Ante la inmutabilidad, los movimientos quedan sin inquilinos. Las acciones de bien o de mal son interpretadas por el ser humano y, lógicamente, el humano sufre las consecuencias, solidariamente.
La acción se opone a la inmutabilidad.
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La acción fue colocada en un medio inestable, o si lo prefieren, un núcleo cambiante, es decir, el ser humano.
La acción «karma», la condición que permite a los humanos evolucionar o retroceder, ya sea por el bien o por el mal, mostrando los resultados en la tierra.
He aquí el lugar donde las oposiciones se atraen, inmutabilidad y karma.
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ENCARNACIÓN
El humano, dotado de sexualidad, se aflige ante una muerte puramente física que exige reflexión. La encarnación constituye el vínculo entre el alma y la debilidad de los cuerpos.
Es para acercarnos, aprovechar y gozar de lo Inmutable que la encarnación encuentra su forma y su integridad.
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EGO y DESEO
Ego
El Creador no posee ego, por lo tanto, no puede conocer el deseo. Al elegir al humano como morada, lo Divino se vio confrontado con sus propias debilidades, comprometiéndose a sí mismo.
El ego del humano que reside en la Inmutabilidad ya no es un obstáculo, porque ha aprendido a purificarse, para quien así lo desee.
El hecho de que un ego no se reconozca en lo Inmutable traza otras opciones. Alternativas siempre asistidas por lo efímero. Para permitir una evolución a través de un universo, debe haber un ego, puesto que existe una cadena alimentaria.
P.D. ¿Sabremos conservarla? El riesgo es que el ego ocupe todo el espacio, destruyendo con ello la cadena alimentaria. Cotidianamente, el ego debe ser comprendido o filtrado para poder hacer frente a la inmutabilidad.
Párrafo 22
Deseo
El deseo requiere mucho tiempo para encaminar sus sueños. Estos períodos, digamos de impurezas de apariencia humana, permanecen persistentes para quien no posee el filtro. La inmutabilidad parece entonces una imposibilidad.
Para quien neutraliza sus pensamientos de deseo, la inmutabilidad ofrece sus vibraciones y sus colores «Shabda» y «Téjas» como recompensa.
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DENSIDAD MATERIAL
El consumo de materia y el engranaje de los sistemas contaminantes provocan un debilitamiento de la naturaleza. Más allá de estos flagelos, algunos seres humanos buscan entrar en relación con su Creador.
La densidad material debilita la voluntad de encontrar.
Párrafo 24
La densidad material puede transformarse en éxito cuando se destina al servicio divino o a acciones consideradas. En el letargo del materialismo, chocando con el problema del ego, quienes acumulan materia sin preferencia por Dios coartan las posibilidades de poder vivir en unión con lo Inmutable.
Se necesita entonces una mayor sabiduría para franquear la frontera del ego. La condición es evidente: debemos purificar nuestro ego.
Párrafo 25
EXPERIENCIA
Todos somos portadores de la experiencia divina. El ego y la personalidad, mediante su cliché, provocan varias maneras de vivirla o de abolirla.
La realidad divina se define en la inmutabilidad. Por lo tanto, para vivir se necesita la experiencia divina, puesto que nuestro Creador se mantiene «sin acción» y «sin reacción». Esta experiencia no puede alcanzarse en el cerebro humano, a pesar de que muchos hacen de ello un caballo de batalla. Lamentablemente, se condenan al fracaso y a la imagen mental.
Párrafo 26
Para vivir con lo Inmutable, con la presencia de su inmutabilidad, se necesita la experiencia cósmica, traducida por la meditación en esas formas ya establecidas de repetición de palabras, de control de la respiración y de contemplación auditiva y visual, con las que se encuentran ustedes en esta obra.
El éxito espiritual es proporcional a la experiencia espiritual.
Adoptar «Shabda» y «Téjas».
Párrafo 27
BIEN Y MAL
En vano buscaremos un paralelo entre el bien, el mal y la inmutabilidad. En vano intentaremos concebir que el Creador pueda encontrarse en las estructuras del bien y del mal, y difícilmente discutiremos sobre el bien y el mal sin correr el riesgo de tropezar con el contexto de la moralidad y la acción.
Inmutabilidad, bien y mal son antagónicos.
Párrafo 28
OMNIPRESENCIA
¿Nos ha ocurrido ya, por casualidad, unir la «no acción» y la «no reacción» con la presencia en todo lugar? «Inmutabilidad» contra «Omnipresencia». Como yo, ustedes verán bien que ahí hay una dificultad. ¿Cómo puede una inmutabilidad ser omnipresente?
¿Cómo puede una «no acción» y «no reacción» estar presente en todo lugar?
Párrafo 29
Para poder responder a esta pregunta, debemos trascender la lógica, digamos más bien el contexto moral, para acceder al mundo de la visión interna. Dios transmite una inmutabilidad a través del alma y transmite una omnipresencia a través de la materia.
Comprender la Formulación como una fuente que surge de una falla de pureza toca una sana evolución en nuestra búsqueda.
La omnipresencia es la falla de la inmutabilidad.
Párrafo 30
CONTEMPLACIÓN
Por la contemplación, el todo se mantiene. La contemplación otorga el medio para que los seres humanos puedan ampliar su recinto en el sentido de lo Inmutable.
La contemplación se desliza entre uno de los tres medios enseñados para percibir lo inmutable. En esta carrera hacia la realización, que emprendemos a un paso reducido, la inmutabilidad y la contemplación se ajustan en un contacto directo.
Hacer de nosotros seres completos, unidos con lo inmutable mediante la contemplación auditiva y visual «Shabda» y «Téjas», para alcanzar el goce divino, he ahí una sabiduría.
Párrafo 31
CONOCIMIENTO y SABER
Como ustedes saben, el conocimiento y el saber son diferentes. El saber ofrece el acercamiento, el conocimiento se somete al contacto. Cuidado, sin embargo, porque el conocimiento se rige por la iniciación. Y en la iniciación hay reglas y simbolismos que hay que explotar.
Hay que admitir, entonces, la calidad en las iniciaciones.
Frente a la Inmutabilidad, la iniciación es la garantía del éxito.
Diferenciemos aún estos tres términos: saber, conocimiento e iniciación. El saber es un acercamiento, ya sea por los libros, las conferencias o internet... El conocimiento es el hecho de recibir un método para alcanzar lo Divino. La iniciación es un breve período místico que suele ser muy revelador.
Párrafo 32
CUERPO
Admitamos que el cuerpo humano sea la residencia de Dios, evidentemente llamada el cosmos interno, el microcosmos y el alma. ¿Cómo habría colocado lo Divino esta inmutabilidad en el interior de nuestro cuerpo? Intentar responder a esta pregunta tal vez no sea del todo de nuestra incumbencia, pero debíamos plantear la posibilidad. Así que no se sorprendan si se quedan con el apetito insatisfecho.
Puesto que el Creador nos ha elegido como residencia, naturalmente Él se infiltra en nosotros tal como existe, de luz, de vibraciones.
¿Cómo lo hace? Tal vez ustedes me den la respuesta...
Párrafo 33
CEREBRO y EGO
El cerebro autoriza la actividad material. Como sabemos, el ser humano debe controlar esta energía para beneficiarse al máximo de sus capacidades. Sin embargo, debemos siempre desconfiar del ego. Estudiemos la frase «Pienso, luego existo». En esta relación de ego y de cerebro o de pensamiento, ¿dónde encontramos la inmutabilidad? En ninguna parte; para reconocerlo, escribamos una frase como esta.
«Pienso, luego soy Eso».
Párrafo 34
PERSONALIDAD
Dios no tiene personalidad, ustedes lo comprenden. Perdería con ello su inmutabilidad. Entonces, a través de nuestras personalidades, lo Inmutable evoluciona. La seguridad, la protección o los cerrojos no pueden ser sino nosotros. En esta cadena de individualidad o de personalidad transita la inmutabilidad.
Adoptar la contemplación auditiva y visual «Shabda» y «Téjas» como el filtro para vivir en la inmutabilidad.
Incluido en este capítulo
El Tratado sobre la inmutabilidad sienta las bases del modelo ACAV: la no acción y la no reacción como naturaleza del Creador, opuestas a la acción humana. Veinte temas se encadenan — universo, ser humano, trinidad, interrelación, ego y deseo, densidad material, experiencia, el bien y el mal, omnipresencia, contemplación, conocimiento y saber, cuerpo, cerebro, personalidad — hasta la práctica de Shabda y Téjas como vía de purificación.
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